Entre los relatos eróticos de peluqueras, este es especial: Marco solo quería un corte de pelo, pero Marta tenía otros planes para la hora del cierre. Lavabos, espejos y secretos bien guardados.
Relatos eróticos de universitarias: una noche a solas en el piso, un vecino con un libro de poesía como excusa y una estudiante que decide no esperar más. La historia de Valentina y Marcos.
Martín (34), padre divorciado en Madrid, vuelve a la una de la madrugada y encuentra a Lucía (24), la niñera, dormida en el sofá. Lo que empieza como una manta sobre sus hombros se convierte en una noche inolvidable. Relatos eróticos de niñeras: deseo y tensión en Chamberí.
Una de esas historias eróticas cortas que se leen de un tirón: Marta, divorciada, llama a un electricista por el horno y la tarde se calienta más que la resistencia.
Historias de infidelidad: Marta, 38 años y casada desde hace catorce, cae en la tentación con Javier, su instructor de pilates, en sesiones privadas que su espalda no necesitaba.
Paula y su pareja llevaban semanas leyendo relatos bdsm en español y hablando de probar la dominación con reglas claras y palabra de seguridad. Una noche de sábado, con pañuelos de seda y un antifaz, él le entregó el control por completo. Lo que descubrió sobre el placer de obedecer lo cambió todo.
Dani y yo llevábamos un año juntos cuando nos quedamos solos en un apartamento de Alicante. Yo aún no lo había hecho nunca. Este mi primera vez relato erótico cuenta aquella noche de agosto.
Fui a una boda al pueblo y acabé durmiendo en la casa familiar con mi hermano y mi cuñada. Esta noche con mi cuñada relato erótico empezó con música en el patio y no terminó hasta el amanecer.
No todos los relatos eróticos de cuñadas empiezan con una paella y un coche que no arranca. Javier visita a su hermano un domingo cualquiera, pero cuando Carlos se queda dormido en el sofá, su cuñada Elena decide que la cena familiar se alargue de la forma más inesperada.
Entre todos los relatos eróticos de vecinos, pocos empiezan con un apagón a las once de la noche. Martín y Marta llevan ocho meses cruzándose en la escalera con miradas que duran un segundo de más, hasta que la oscuridad les da por fin una excusa para dejar de fingir.
Lucía tiene veintiún años y una primera vez todavía pendiente, aunque ha leído muchos cuentos eróticos sobre el tema. Cuando el vecino del tercero llama a su puerta una tarde de julio con una bolsa de cerezas, descubre que las mejores historias no se leen: se viven.