Married CheatingSpanish⭐ Original Edition

Historias de infidelidad: Marta y su instructor en Sevilla

D
9 min read0 readers
Font:
0:000:00
Share Story:

Historias de infidelidad hay muchas, pero la de Marta empezó un martes cualquiera, a las seis de la tarde, en un estudio de pilates de Sevilla. Ella tenía treinta y ocho años, catorce de casada con un comercial de vinos que vivía más en la carretera que en casa. Él se llamaba Javier, tenía treinta y uno, y era el instructor nuevo del gimnasio.

Marta llegó tarde a la clase. Entró corriendo, con la esterilla bajo el brazo y el pelo recogido en un moño despeinado. Javier la miró desde el reformer y sonrió de una forma que a Marta le puso la piel de gallina.

"La puntualidad también se entrena," dijo él, en voz alta para que toda la clase lo oyera. Algunas alumnas se rieron. Marta sintió que le ardían las mejillas, pero no de vergüenza.

"Perdona, instructor," respondió ella, sosteniéndole la mirada. "La próxima vez vendré antes para que puedas regañarme en privado."

El silencio que siguió duró un segundo, pero a Marta le pareció una hora. Javier carraspeó y empezó la clase. Pero durante toda la sesión, cada vez que pasaba junto a su reformer, su mano se detenía un instante de más en su cintura, en su cadera, en el hueco de su espalda.

Cuando la clase terminó, Marta se quedó estirando en una colchoneta del rincón. Las demás alumnas fueron saliendo, hablando de cenas y de niños. Javier recogía las correas de los reformers, silbando bajito.

"Tienes la espalda muy cargada," dijo él de pronto, a su espalda. Marta se sobresaltó. No lo había oído acercarse.

"Catorce años de matrimonio cargan mucho la espalda," bromeó ella, y al instante se arrepintió de haberlo dicho.

Javier se agachó junto a ella. Sus ojos estaban muy cerca. "¿Te duele aquí?" preguntó, y sus dedos presionaron justo debajo de su omóplato. Marta contuvo el aliento. No era dolor lo que sentía. Era otra cosa.

"Un poco más abajo," susurró ella. Y él obedeció. Sus pulgares se hundieron en sus músculos, despacio, con una presión perfecta. Marta cerró los ojos. Hacía meses que nadie la tocaba así. Su marido, cuando estaba en casa, se dormía en el sofá antes de las once.

"Deberías venir a una sesión privada," dijo Javier, con la voz un poco más grave. "Media hora solo para la espalda. Sin prisas."

Marta abrió los ojos. Él estaba tan cerca que podía oler su desodorante, algo cítrico y limpio. "¿Cuándo?" preguntó ella, y su voz sonó más ronca de lo que pretendía.

"El jueves. A las cuatro. Yo cierro el estudio a las tres y media." Hizo una pausa. "Sería solo nosotros dos."

Ella debería haber dicho que no. Debería haber pensado en su marido, en su casa de Triana, en los catorce años. En lugar de eso, dijo: "El jueves a las cuatro."

El jueves llegó con un calor pegajoso de octubre sevillano. Marta se puso unas mallas negras nuevas y un top deportivo que se había comprado la semana anterior sin saber muy bien por qué. Se miró en el espejo del recibidor y se dijo que solo iba a una sesión de espalda. Solo eso.

El estudio estaba en penumbra cuando entró. Las persianas bajadas, el aire acondicionado zumbando. Javier salió del despacho con dos botellas de agua. Llevaba una camiseta gris que se le pegaba al pecho.

"Puntual," dijo él, sonriendo. "Me gusta."

"He venido por mi espalda," dijo Marta, demasiado rápido. "Solo por eso."

"Claro," respondió Javier. "Túmbate boca abajo."

Marta se tumbó en el reformer. Javier se colocó a su lado y empezó a trabajar sus hombros con las manos. Al principio fue profesional: presión, círculos, estiramientos. Pero poco a poco sus manos bajaron. A la cintura. A la cadera. Al borde de las mallas.

"¿Aquí también te duele?" preguntó él, y su mano se deslizó por su muslo, por encima de la tela.

"Javier..." Marta no terminó la frase. No sabía cómo terminarla.

"Dime que pare y paro," dijo él. Su mano seguía en su muslo, inmóvil, esperando. "Una palabra y paro."

Marta no dijo la palabra. En lugar de eso, se dio la vuelta y se quedó mirándolo desde abajo. Él estaba arrodillado junto al reformer, con la respiración acelerada. Ella le puso una mano en la nuca y lo atrajo hacia sí.

El beso fue torpe al principio, como todos los primeros besos robados. Pero enseguida encontró su ritmo. Javier sabía besar: lento, seguro, con la lengua justa. Marta sintió que algo se derretía dentro de ella, algo que llevaba años congelado.

Sus manos le subieron la camiseta. Él se la quitó de un tirón. Su pecho era tal como ella había imaginado en clase: firme, con una línea de vello oscuro bajando hacia el ombligo. Marta lo recorrió con las uñas y él se estremeció.

"Eres peligrosa," murmuró Javier contra su cuello.

"Tú empezaste," respondió ella, y le mordió el lóbulo de la oreja.

Javier le quitó el top deportivo con una eficacia que delataba práctica. Los pechos de Marta quedaron al aire, y él los miró como si fueran lo único que existía en el mundo. Los tomó en sus manos, los pesó, y luego bajó la boca a uno de ellos.

Marta arqueó la espalda. "Dios..." Su pezón se endureció bajo su lengua. Él lo rodeó, lo succionó, lo mordisqueó con suavidad. Su otra mano ya estaba bajando, metiéndose por dentro de las mallas.

"Estás empapada," susurró él, y Marta quiso morirse de vergüenza y de ganas al mismo tiempo.

"¿Y qué esperabas?" replicó ella, desafiante. "Llevo dos semanas pensando en esto."

"¿Dos semanas?" Javier sonrió contra su piel. "Yo llevo un mes, desde el primer día que entraste tarde."

Él le bajó las mallas y la ropa interior de un solo movimiento. Marta se quedó desnuda en el reformer, con la luz gris de las persianas dibujándole rayas en el cuerpo. Se sintió expuesta y poderosa a la vez. Javier se quitó los pantalones de deporte. Su polla estaba dura, gruesa, apuntando hacia ella.

Marta la tomó en su mano. La sintió latir. La acarició despacio, disfrutando de cómo él contenía el aliento. Luego se la llevó a la boca.

Javier soltó un gemido grave. Sus manos se enredaron en el moño de Marta, deshaciéndolo. El pelo le cayó sobre los hombros mientras ella lo chupaba, primero con suavidad y luego con más ansia. Él sabía a sal y a algo más, algo limpio.

"Para," dijo él de pronto, apartándola con delicadeza. "Si sigues así no aguanto. Y quiero correrme dentro de ti."

La crudeza de sus palabras le provocó a Marta un escalofrío de placer. Javier la tumbó de espaldas y se colocó entre sus piernas. La miró a los ojos mientras la penetraba, despacio, centímetro a centímetro.

Marta gritó. No pudo evitarlo. Él la llenaba por completo, de una forma que su marido no la llenaba desde hacía años. Javier empezó a moverse, primero lento, encontrando el ritmo, y luego más rápido, más hondo.

El reformer crujía bajo ellos. Marta le clavó las uñas en la espalda. "Más fuerte," le ordenó. "No me trates como a una alumna."

Javier obedeció. Sus embestidas se volvieron brutales, precisas. Marta sentía cada una en lo más hondo de su vientre. Su coño se contraía alrededor de él, suplicando más. Él le agarró un pecho con fuerza mientras se movía, y ella sintió que el placer le subía por la columna como una ola.

"Me voy a correr," jadeó ella. "Javier, me corro..."

"Córrete," le ordenó él. "Córrete en mi polla."

Y Marta se corrió. Fue un orgasmo largo, devastador, que le dobló el cuerpo y le arrancó un grito que resonó en el estudio vacío. Javier la siguió segundos después, con un gruñido sordo, derramándose dentro de ella en sacudidas.

Se quedaron abrazados en el reformer, sudados, temblando. El aire acondicionado zumbaba. Ninguno de los dos hablaba. Marta miraba el techo y pensaba en su marido, en la carretera, en los vinos que cataba en hoteles de Logroño y de Ribera del Duero. Y pensaba que no sentía ni pizca de culpa. Solo hambre. Más hambre.

"¿Cuándo vuelves a clase?" preguntó Javier, acariciándole el pelo.

"El martes," dijo Marta. "Pero mi espalda va a necesitar muchas sesiones privadas."

Él se rió, un sonido grave y cálido. "Tendré que hacerte un hueco en la agenda. Los jueves a las cuatro están ocupados."

"¿Por quién?" preguntó ella, incorporándose sobre un codo, fingiendo celos.

"Por una clienta muy exigente," respondió Javier, y la besó. "Muy exigente y muy puntual."

Marta se vistió despacio. Cada movimiento le recordaba lo que acababa de pasar: el escozor dulce entre las piernas, la marca de sus dedos en la cadera. Se recogió el pelo y se miró en el espejo del vestuario. Tenía las mejillas encendidas y los ojos brillantes. Parecía diez años más joven.

Salió del estudio a las cinco y media. El calor de Sevilla la golpeó como una bofetada. Caminó hasta el puente de Triana con una sonrisa que no podía borrar. Su móvil vibró en el bolso. Un mensaje de su marido: "Cata alargada en Haro. Llego el viernes. Te echo de menos."

Marta miró el mensaje un momento. Luego lo borró de la pantalla y siguió caminando. El jueves que viene, a las cuatro, tenía una cita con su espalda. Y con Javier. Y con la mujer en la que se estaba convirtiendo, una historia de infidelidad a la vez.

Rate this story

🔥 NEXT CHAPTER IN LINE

Married Cheating

Relatos eróticos de la novia del amigo: la noche de Carla

Estos relatos eróticos de la novia del amigo empiezan en un balcón de Valencia, con vino, un amigo dormido y una tentación imposible de ignorar.

Read Next Story

More stories by Diego Hernández

View all →

Readers who enjoyed “Historias de infidelidad: Marta y su instructor en Sevilla” also read

8 curated stories
Married CheatingSpanish

Relatos eróticos de infidelidad: Carmen y Diego en Madrid

Relatos eróticos de infidelidad desde Madrid: Carmen, sola mientras su marido viaja, deja una nota bajo la puerta de su vecino Diego y convierte un libro prestado en tardes de pasión.

⏱️ 9 min read•👁️ 0 views
Married CheatingSpanish

Relatos Eróticos de Madrastra: La Noche en Sevilla

En una casa de Sevilla, una discusión entre padre e hijo deja a Carmen, la madrastra, en medio de una tensión que llevaba semanas creciendo. Estos relatos eróticos de madrastra cuentan la noche en que todo se desató.

⏱️ 9 min read•👁️ 0 views
Married CheatingSpanish

Relatos eróticos de cuñadas: la cena que se alargó

No todos los relatos eróticos de cuñadas empiezan con una paella y un coche que no arranca. Javier visita a su hermano un domingo cualquiera, pero cuando Carlos se queda dormido en el sofá, su cuñada Elena decide que la cena familiar se alargue de la forma más inesperada.

⏱️ 9 min read•👁️ 0 views
Married CheatingSpanish

Relatos Eróticos de Primas: La Finca de Toledo

Relatos eróticos de primas: Claudia y Diego, primos adultos, se reencuentran en la finca familiar de Toledo. Una piscina al atardecer y un secreto que durará todo el verano.

⏱️ 10 min read•👁️ 0 views
Married CheatingSpanish

Relatos eróticos para mujeres casadas: El perfume del vecino en Valencia

El perfume del vecino en la escalera despierta algo dormido en Carmen, y estos relatos eróticos para mujeres casadas convierten una cena en Valencia en una noche que no podrá olvidar.

⏱️ 10 min read•👁️ 0 views
Married CheatingSpanish

Relatos de Infidelidad: Elena Abre su Coño para la Polla de Javier Toda la Noche en Madrid

Elena, una traductora de Madrid atrapada en un matrimonio apagado, reencuentra a Javier, el fotógrafo que conoció en una presentación de libros, y su secreto crece sin control.

⏱️ 10 min read•👁️ 0 views
Married CheatingSpanish

Relatos Eróticos de Divorciadas: Elena y la Mudanza Prohibida

Elena, divorciada y nueva en Valencia, acepta la ayuda de su vecino Javier con la mudanza. Entre cajas y miradas nace una atracción imposible de frenar. Entre los relatos eróticos de divorciadas, el suyo empieza en un salón vacío y termina en una azotea bajo las estrellas.

⏱️ 11 min read•👁️ 0 views
Married CheatingSpanish

Relatos eróticos de la ex: el mensaje que nunca borré

Seis años después, un audio de WhatsApp que nunca borró la devuelve a Madrid por un fin de semana. Estos relatos eróticos de la ex empiezan a las dos de la mañana.

⏱️ 11 min read•👁️ 0 views