Dani y yo llevábamos un año juntos cuando nos quedamos solos en un apartamento de Alicante. Yo aún no lo había hecho nunca. Este mi primera vez relato erótico cuenta aquella noche de agosto.
Nerea y yo nos quedamos encerradas en la biblioteca de la facultad una tarde de lluvia. Faltaban dos horas para la ronda del guarda. Esta compañera de universidad relato erótico empieza entre las estanterías.
Elena, mi jefa, me pidió que me quedara después de las ocho para terminar una presentación. Cerró la puerta con llave y sirvió dos whiskys. Este mi jefa me provocó en la oficina relato cuenta el resto.
Fui a una boda al pueblo y acabé durmiendo en la casa familiar con mi hermano y mi cuñada. Esta noche con mi cuñada relato erótico empezó con música en el patio y no terminó hasta el amanecer.
Sofía llamó a mi puerta un jueves a las nueve de la noche para pedirme el taladro. Su marido estaba de turno en el hospital y ella me esperaba en bata de seda. Este mi vecina me sedujo relato cuenta lo que pasó después.
Pocos relatos eróticos de maduras empiezan con una nota bajo la puerta y una cafetera desenchufada. Marco lleva meses cruzándose con Teresa en el rellano, y una tarde la vecina de cuarenta y siete años decide enseñarle lo que una mujer con experiencia sabe hacer.
No todos los relatos eróticos de cuñadas empiezan con una paella y un coche que no arranca. Javier visita a su hermano un domingo cualquiera, pero cuando Carlos se queda dormido en el sofá, su cuñada Elena decide que la cena familiar se alargue de la forma más inesperada.
Pocos relatos eróticos universitarios empiezan con dos golpes en la puerta y una petición tan inocente como un cargador. Dani finge estudiar anatomía cuando Alba entra en su habitación, y la tarde de estudio se convierte en una lección práctica que ninguno de los dos olvidará.
Pocos relatos eróticos de oficina ocurren a las once y media de la noche, con la moqueta oliendo a café frío. Raúl se ha quedado hasta tarde con el informe trimestral cuando su jefa entra sin llamar, y meses de miradas en las reuniones están a punto de estallar.
Entre todos los relatos eróticos de vecinos, pocos empiezan con un apagón a las once de la noche. Martín y Marta llevan ocho meses cruzándose en la escalera con miradas que duran un segundo de más, hasta que la oscuridad les da por fin una excusa para dejar de fingir.
Marta lleva doce años casada y nunca ha sido infiel, hasta que un viaje de trabajo la convierte en protagonista de esos relatos eróticos de infieles que nunca creyó vivir. Un cliente, una última copa en la azotea del hotel y un deseo imposible de resistir.
Nora pierde a sus amigas y su móvil en una fiesta en una villa de Ibiza, como en esos relatos porno que parecían imposibles. Cuando el DJ de la noche le ofrece ayuda, lo que empieza como un rescate termina siendo mucho más: piscina al amanecer y una cala secreta.
Lucía tiene veintiún años y una primera vez todavía pendiente, aunque ha leído muchos cuentos eróticos sobre el tema. Cuando el vecino del tercero llama a su puerta una tarde de julio con una bolsa de cerezas, descubre que las mejores historias no se leen: se viven.
Marina sale un viernes por Malasaña decidida a dejar de leer relatos eróticos y vivir uno de verdad. Lo que no espera es que el camarero del bar lleve toda la noche mirándola igual que ella a él. Una noche en Madrid que empieza con una copa y termina mucho después del amanecer.