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Relatos Eróticos de Cornudos: Cuando Él Decidió Solo Mirar

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"¿Y si te dijera que no quiero que me toques esta noche?" Marta dejó la copa de vino sobre la barandilla del balcón y miró a Javier sin parpadear. El mar de Sitges brillaba abajo, negro y enorme. Estos relatos eróticos de cornudos empiezan casi siempre con una confesión, y la de Marta llegó con la segunda copa, mirando al frente para no tener que verle la cara.

Javier se rio, incómodo. "¿Qué dices?" Marta se volvió hacia él. Tenía treinta y ocho años, el pelo recogido con prisas y ese vestido verde que a él siempre le había vuelto loco. "Digo que llevo meses fantaseando con algo. Y esta noche, en este hotel, lejos de todo el mundo, quiero probarlo. Quiero que me mires."

Llevaban doce años casados. Dos hijos, una hipoteca, un amor tranquilo de esos que ya no hacen ruido. Pero Marta había cambiado en los últimos meses. Leía a escondidas en el baño. Se encerraba en su mente a mitad de las caricias. Javier lo había notado y había preferido no preguntar. Hasta esa noche.

"¿Que te mire hacer qué?" preguntó él, aunque ya lo sabía. Marta se acercó y le habló al oído, despacio, como si cada palabra pesara. "Hay un hombre en el bar. Me ha estado mirando toda la cena. Se llama Andrés. Quiero subirlo a la habitación. Y quiero que tú estés ahí, en el sillón, mirando. Sin tocarme. Solo mirar."

Javier sintió que el suelo se movía. Una parte de él quería gritar que no. Otra parte, una parte que no reconocía, sintió que su miembro se endurecía dentro del pantalón. "Marta, eso es una locura." Ella le puso un dedo en los labios. "Es mi fantasía. Doce años siendo la esposa perfecta. Una noche, déjame ser otra."

Bajaron al bar. Andrés estaba allí, solo, con una copa de whisky. Tendría unos cuarenta años, camisa blanca remangada, sonrisa fácil. Marta se sentó a su lado sin pedir permiso y en diez minutos ya se reían como viejos amigos. Javier los observaba desde una mesa cercana, con el corazón golpeándole las costillas.

Andrés pidió una botella de vino y llenó la copa de Marta hasta arriba. Ella se la bebió casi de un trago, riendo. Bajo la mesa, Javier vio cómo la mano de Marta se posaba en el muslo de Andrés y se quedaba allí. Andrés no la apartó. Al contrario, cubrió la mano de ella con la suya. Marta miró hacia Javier, lo encontró con la mirada y le sostuvo los ojos mientras acariciaba el muslo de otro hombre. Javier sintió una oleada de calor que le subió por el cuello.

"¿Bailas?" preguntó Andrés, señalando la pequeña pista donde una pareja se movía al ritmo de un bolero. Marta asintió. Bailaron pegados, demasiado pegados. La mano de Andrés bajó por su espalda hasta detenerse justo encima de su trasero. Marta no protestó. Apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos. Javier pidió otro whisky y se lo bebió de golpe. Cada segundo que pasaba, su excitación crecía, mezclada con unos celos que le quemaban el pecho de una forma extrañamente dulce.

Cuando Marta se levantó para ir al baño, Andrés se acercó a Javier. "Tu mujer es encantadora," dijo. Javier lo miró a los ojos. "Ella quiere algo esta noche. Y yo voy a estar presente." Andrés no se sorprendió. Sonrió despacio. "Entonces será una noche interesante para los tres."

En la habitación del hotel, Marta se cambió en el baño y salió con un camisón negro de seda que Javier no había visto nunca. "¿Cuándo compraste eso?" preguntó él. "Hace dos meses," dijo ella. "Lo compré para esta noche. Para una noche que aún no existía."

Antes de llamar a Andrés, Marta hizo algo que Javier no esperaba. Puso música baja en el móvil y empezó a desnudarse delante de él, despacio, prenda a prenda, mirándolo todo el tiempo. "No puedes tocarme," le recordó con una sonrisa perversa. "Ni siquiera ahora." Javier apretó los puños sobre los brazos del sillón. Ver a su mujer desnudarse para otro, sabiendo que él no podía intervenir, era una tortura deliciosa.

Cuando quedó desnuda, se acercó al sillón y se inclinó sobre él, rozando apenas sus labios con los suyos, sin dejarle profundizar el beso. "Hueles a whisky," susurró. "Quédate ahí y pórtate bien." Luego se puso el camisón de nuevo, se miró al espejo, se pellizcó las mejillas para darles color y marcó el número de la habitación de Andrés. "Sube," dijo simplemente, y colgó.

Se sentó en la cama y cruzó las piernas, despacio, mirando a Javier.

Llamaron a la puerta. Andrés entró, miró la habitación, el sillón junto a la ventana donde Javier ya estaba sentado, y sonrió. "¿Las reglas?" preguntó. Marta dijo: "Él mira. No toca. Tú me tocas a mí. Y si él dice basta, se acabó." Javier asintió, con la garganta seca. Su miembro ya estaba duro como una piedra.

Andrés se sentó en la cama junto a Marta. Le apartó el pelo del cuello y la besó allí, despacio. Marta cerró los ojos y dejó escapar un gemido bajito. Javier apretó los brazos del sillón. Ver a otro hombre besar a su mujer le quemaba por dentro, pero no podía apartar la mirada. Era horrible y era lo más excitante que había sentido en años.

Andrés le bajó un tirante del camisón y besó su hombro desnudo. Marta se estremeció. "Míralo, Javi," susurró ella sin abrir los ojos. "Mira lo que me hace." Andrés le quitó el camisón por completo. Marta quedó desnuda sobre las sábanas blancas, con la piel erizada. Andrés recorrió su cuerpo con las manos, despacio, deteniéndose en sus pechos.

Tomó un pezón entre los labios y lo chupó. Marta arqueó la espalda. Javier se dio cuenta de que se había desabrochado el pantalón sin pensar. Su miembro latía en su mano. Andrés levantó la vista, lo vio, y sonrió. "¿Te gusta mirar cómo me como a tu mujer?" Javier solo pudo asentir, jadeando.

Andrés bajó besando su vientre hasta llegar entre sus piernas. Separó sus muslos y pasó la lengua por su coño, que ya estaba empapado. Marta gritó, un grito ahogado que se perdió en la almohada. "¡Dios mío!" Sus caderas se movían solas, buscando más. Andrés la lamió sin prisa, saboreándola, mientras Javier se tocaba en el sillón, fascinado.

"Por favor," rogó Marta, "fóllame ya, no puedo más." Andrés se quitó la camisa y los pantalones. Su miembro era grande, grueso, y Marta lo miró con los ojos muy abiertos. "Tranquila," dijo él. Se colocó entre sus piernas y la penetró de una embestida lenta y profunda. Marta gritó su nombre.

Andrés empezó a moverse, primero despacio, luego cada vez más fuerte. La cama golpeaba contra la pared. Marta se agarraba a las sábanas, con la boca abierta, gimiendo sin control. "¡Sí, así, más fuerte!" Javier no podía creer lo que veía. Su esposa, la madre de sus hijos, follando con un desconocido y pidiendo más, mientras él miraba.

Andrés la giró y la puso a cuatro patas. La tomó por las caderas y la penetró por detrás, con embestidas brutales. Marta tenía la cara hundida en la almohada, gritando. "¡Mírame, Javi, mírame!" Javier se levantó del sillón sin darse cuenta y se acercó a la cama. Andrés le miró y le hizo un gesto. "Ven. Mírala de cerca."

Pero antes de eso, Andrés había hecho algo que dejó a Javier sin aliento. Había tumbado a Marta de espaldas, le había levantado las piernas sobre sus hombros y la había penetrado así, profundo, mirando a Javier todo el tiempo mientras lo hacía. "¿Ves cómo se abre para mí?" había dicho. "Tu mujer está hecha para esto." Marta gemía con cada embestida, y sus ojos buscaban los de Javier, pidiéndole permiso con la mirada para disfrutar, y Javier asentía, dándoselo, entregándola.

Después Andrés la sentó a horcajadas sobre él. Marta cabalgó su miembro con movimientos lentos y circulares, de espaldas a Javier al principio, y luego se volvió para mirarlo de frente mientras se movía. Sus pechos subían y bajaban. Se pellizcó los pezones ella misma, gimiendo. "Estoy tan mojada, Javi," jadeó. "Siento cómo me llena. Ojalá pudieras sentirlo."

Javier se arrodilló junto a la cama, a centímetros de la cara de su mujer. Marta lo miró con los ojos nublados de placer. "¿Te gusta verme así?" Él asintió, incapaz de hablar. Ella sacó la lengua y él, sin pensarlo, se la ofreció. Se besaron mientras Andrés seguía follándola por detrás, y Javier sintió que iba a correrse solo con eso.

"Córrete en mi boca," le susurró Marta de pronto, apartándose del beso. Javier no lo dudó. Se puso de pie, se sacó el miembro y ella lo tomó entre sus labios, chupándolo con avidez mientras Andrés la embestía. La imagen era obscena y perfecta. Javier se corrió en segundos, con un rugido, en la boca de su esposa.

Marta tragó y sonrió, con los labios brillantes. Andrés, al ver aquello, aumentó el ritmo, fuera de sí. "Me corro," gruñó, y se salió de ella en el último momento, corriéndose sobre su espalda, en chorros espesos que le resbalaron por la piel. Marta se dejó caer sobre la cama, temblando, riendo y llorando a la vez.

Hubo un silencio largo. Solo se oían las olas y tres respiraciones agitadas. Andrés se vistió en silencio, besó la frente de Marta y se fue sin decir palabra. La puerta se cerró. Javier y Marta se quedaron solos, desnudos, mirándose como si se vieran por primera vez.

Marta se levantó y fue al baño. Javier la siguió. Se metieron juntos en la ducha, y el agua caliente cayó sobre sus cuerpos cansados. Javier la enjabonó despacio, con cuidado, como si fuera de cristal. Ella apoyó la cabeza en su hombro y lloró un poco, en silencio. "¿De felicidad o de culpa?" preguntó él. "De felicidad," dijo ella. "Por primera vez en años, de felicidad."

"¿Estás bien?" preguntó él, con miedo de la respuesta. Marta se arrastró hasta él y se acurrucó contra su pecho. "Nunca he estado mejor," dijo. "¿Y tú? ¿Te he perdido?" Javier la abrazó fuerte. "Me has encontrado. No sabía que esto me excitaba. No sabía que verte así me iba a volver loco."

Hicieron el amor después, despacio, mirándose a los ojos, con una ternura que no sentían desde hacía años. Cuando Javier la penetró, Marta susurró: "Esta noche me has dado el mejor regalo. Me has dejado ser yo." Él la besó en la frente. "Y tú me has enseñado quién soy yo."

A la mañana siguiente desayunaron en el balcón, en silencio, con el mar brillando. Marta le tomó la mano. "¿Lo repetimos alguna vez?" Javier sonrió, y por primera vez en doce años, sintió que su matrimonio acababa de empezar. "Cuando tú quieras," dijo. "Yo miraré. Siempre miraré."

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