Relatos eróticos de playa: Alba y Nico en Valencia
¡Esa sombrilla es mía! gritó Alba desde la orilla, con la arena pegada a los pies y el pelo mojado por el último baño, y Nico, que acababa de clavar la sombrilla en ese mismo trozo de arena en Valencia, se giró con una sonrisa que a ella le pareció insoportablemente segura, y le contestó que la playa era de todos y que la sombrilla no tenía nombre, y aquella discusión absurda, en voz cada vez más alta y con los bañistas mirando de reojo, fue el principio de todo, porque estos relatos eróticos de playa empiezan muchas veces así, con dos desconocidos que discuten por nada y terminan deseándose por todo.
Alba tenía veintiséis años y había viajado a Valencia para pasar un fin de semana sola, lejos de su trabajo en una librería de Madrid, y llevaba un bikini azul que se había comprado para la ocasión, y un libro que no había abierto en toda la mañana porque prefería mirar el mar, y su plan era simple, sol, arena y silencio, hasta que un desconocido alto y moreno decidió plantarse justo delante de su toalla.
Nico tenía treinta años y era fotógrafo, y había llegado a la playa con su cámara y con la idea de retratar la luz del atardecer sobre el agua, y cuando Alba le acusó de robarle el sitio, él se rio y le ofreció compartir la sombra, y Alba, que no quería reírse, se rio de todos modos, y aceptó el sitio bajo la sombrilla con la condición de que él no la molestara más.
Durante una hora cumplieron el trato en silencio, Alba leyendo por fin su libro y Nico haciendo fotos al horizonte, pero cada vez que Alba levantaba la vista, encontraba los ojos de Nico sobre ella, y cada vez que Nico bajaba la cámara, encontraba a Alba mirándole a él, y el juego silencioso se volvió más caliente que el sol de las cuatro de la tarde.
Al final Nico se acercó con dos cervezas frías y le preguntó si podía sentarse, y Alba le dijo que la sombrilla era suya pero que la cerveza podía ser compartida, y hablaron de Madrid y de Valencia, de libros y de fotos, de viajes y de amores pasados, y Alba descubrió que Nico tenía una forma de mirarla que la hacía sentirse desnuda aunque llevara puesto el bikini.
Cuando el sol empezó a bajar, Nico le propuso dar un paseo por la orilla, y Alba aceptó, y caminaron descalzos por la arena mojada, con el agua fría lamiendo sus tobillos, y Nico le tomó la mano como si fuera lo más natural del mundo, y Alba no la retiró, y sus dedos se entrelazaron mientras las olas borraban sus huellas detrás de ellos.
En un punto alejado de la gente, Nico se detuvo y la miró fijamente, y le preguntó si podía besarla, y Alba, en lugar de contestar, le agarró la cara con ambas manos y le besó ella primero, con fuerza, con hambre, con la sal del mar todavía en los labios, y Nico la agarró por la cintura y la atrajo contra su cuerpo caliente.
El beso se hizo más profundo, y las manos de Nico bajaron por la espalda de Alba hasta sus caderas, y las manos de Alba se enredaron en su pelo mojado, y cuando se separaron para respirar, ambos estaban jadeando, y Alba se rio nerviosa y dijo que esto era una locura, y Nico le contestó que las mejores locuras empiezan en la playa.
Nico le propuso ir a su hotel cercano, a pocos minutos de la playa, y Alba dudó un segundo y luego asintió, y caminaron rápido, riendo, con la arena todavía en los pies, y en el ascensor del hotel Nico la besó contra la pared, y Alba sintió su erección dura contra su vientre, y se mordió el labio para no gemir delante del espejo del ascensor.
En la habitación, con las cortinas todavía abiertas sobre el mar, Nico desató el nudo del bikini de Alba con dedos pacientes, y el top cayó al suelo, y sus pechos redondos y firmes quedaron al descubierto, y Nico los tomó en sus manos y los apretó suavemente, y luego besó uno y después el otro, y Alba echó la cabeza hacia atrás y gimió.
Nico chupó sus pezones lentamente, jugando con su lengua alrededor de cada uno, y Alba le agarró el pelo y le apretó la cabeza contra su pecho, y su piel se erizó, y sus piernas temblaron, y ella misma se quitó la parte de abajo del bikini y se quedó desnuda delante de él, con el sol del atardecer dibujando sombras doradas sobre su piel.
Nico la llevó a la cama y la tumbó boca arriba, y besó su vientre, y bajó más, y separó sus piernas con suavidad, y lamió su coño con trazos largos y lentos, y Alba agarró las sábanas con fuerza, y su humedad mojó los labios de Nico, y sus gemidos llenaron la habitación, y ella levantó las caderas hacia su boca pidiendo más.
Alba le quitó la camiseta a Nico y le desabrochó el pantalón corto, y liberó su polla gruesa y dura en su mano, y la acarició despacio, maravillada por su calor y su peso, y Nico gimió y le besó el cuello mientras ella le acariciaba, y luego Alba se inclinó y se metió la punta en la boca, y la chupó con suavidad.
Ella la chupó más profundo, usando su lengua alrededor del glande, y Nico le agarró el pelo y la guió con dulzura, y cuando ya no pudo más, la levantó y la besó profundamente, saboreándose a sí mismo en sus labios, y luego se colocó entre sus piernas y frotó su polla contra su coño mojado.
Alba susurró que sí, y Nico la penetró despacio, centímetro a centímetro, y Alba gritó por la plenitud y el estiramiento, y Nico se detuvo y la besó hasta que su cuerpo se relajó, y luego empujó más adentro, y su coño apretó su polla con fuerza, y ella enredó sus piernas en su cintura y le atrajo hacia dentro.
Él empezó a embestir despacio, y Alba siguió su ritmo, y pronto las embestidas lentas se hicieron más rápidas y profundas, y la cama crujió bajo ellos, y los pechos de Alba rebotaban con cada embestida, y Nico se inclinó y le chupó los pezones mientras embestía, y Alba le arañó la espalda y le rogó que no parara.
Nico la giró para que Alba quedara encima, y ella cabalgó despacio al principio, moviendo sus caderas en círculos, y luego más rápido, botando sobre su polla mientras su pelo caía sobre su cara, y Nico le agarró las caderas y embistió hacia arriba dentro de ella, y Alba echó la cabeza hacia atrás y gritó su nombre una y otra vez.
Su coño se tensó a su alrededor y ella llegó al orgasmo con un grito tembloroso, su humedad inundó su polla y sus muslos, y Nico la sostuvo durante el orgasmo, y luego la volvió a poner debajo de él y embistió fuerte y rápido hasta que su propio clímax le rompió encima y se corrió dentro de ella, gimiendo en su cuello, y quedaron enredados, sudando y sin aliento.
Después se quedaron tumbados y hablaron en susurros de todo y de nada, del mar y de la sombrilla y de la discusión que lo había empezado todo, y Nico le dijo que la discusión había sido la mejor de su vida, y Alba se rio y le dijo que la próxima vez discutiría antes, para llegar antes al mismo sitio.
Más tarde Nico pidió cena en la habitación, y comieron sentados en la cama envueltos en una sola sábana, y Alba le dio de comer un trozo de fruta con los dedos y él lo mordió y le besó el jugo de los labios, y lo corriente de aquel momento les pareció más íntimo que todo lo anterior.
Cuando cayó la noche, Nico la llevó a la ventana, y se quedaron desnudos bajo la sábana mirando las luces de Valencia sobre el mar, y él le besó el hombro y deslizó su mano entre sus piernas por detrás, y Alba se apoyó en él y dejó que sus dedos jugaran con su clítoris hasta que sus rodillas flaquearon.
Él la giró y la levantó sobre la mesa del escritorio, y separó sus piernas, y metió su polla de nuevo dentro de su coño, y la folló allí entre sus cámaras y sus papeles, y Alba se agarró al borde de la mesa y gimió mientras sus embestidas tiraban un bolígrafo al suelo, y ella llegó de nuevo, mordiéndole el hombro para ahogar su grito.
Nico la llevó de vuelta a la cama y la tomó por detrás, agarrando sus caderas mientras ella se arrodillaba a cuatro patas, y sus pechos se balanceaban bajo ella mientras él embestía profundo, y él alcanzó a frotar su clítoris mientras la follaba, y Alba llegó por tercera vez, temblando y gritando, y Nico llegó momentos después, desplomándose a su lado.
En las primeras horas Alba se despertó y encontró a Nico mirándola, y él le trazó la cara con un dedo y le dijo que era la mujer más valiente que conocía, y Alba le besó el dedo y le dijo que por fin había vivido una historia en la vida real en lugar de leerla en un libro, y se durmieron así, su cabeza en su pecho, su brazo alrededor de su cintura.
Cuando llegó la mañana, caminaron juntos de vuelta a la playa, y el olor a sal y a arena la golpeó de nuevo, pero ahora llevaba algo nuevo, el recuerdo de su piel y de su boca y de la noche que habían pasado en su pequeña habitación, y Alba sonrió para sí misma mientras extendía su toalla en el mismo sitio, y Nico clavó la sombrilla a su lado sin discutir, exactamente como siempre, y exactamente como nunca antes.
A la mañana siguiente Alba se despertó en la habitación de Nico con el olor a café recién hecho, y Nico estaba sentado al borde de la cama mirándola con una sonrisa a la vez tímida y orgullosa, y ella se tapó con la sábana y se rio cuando él le entregó la taza.
Pasaron la mañana paseando por la playa, pero cada pocos minutos uno de los dos buscaba al otro, una mano en la rodilla, un beso en el hombro, y al mediodía los planes se olvidaron y Alba estaba de espaldas otra vez, con la boca de Nico en sus pechos y sus dedos dentro de su coño.
Nico separó sus piernas y le lamió el clítoris hasta que se retorció, y luego metió su polla dentro de ella y la folló despacio mientras ella se agarraba a las sábanas, y cuando ella llegó él la sostuvo con fuerza y se corrió dentro de ella otra vez, y se quedaron juntos riendo de lo poco que habían paseado en realidad.
Después caminaron hasta un chiringuito para comer, cogidos de la mano bajo la mesa, y Alba le dijo a Nico que quería que cada discusión en la playa terminara así, y Nico prometió que la sombrilla siempre estaría clavada en su sitio, y ambos supieron lo que realmente quería decir.
Esa tarde en la playa, Nico deslizó una nota doblada dentro del libro de Alba, y cuando ella la abrió después de que él se marchara, la nota decía solamente que la esperaba en su habitación con el café listo, y el corazón de Alba se aceleró mientras recogía su toalla y caminaba por la arena hacia su hotel, sabiendo exactamente lo que le esperaba aquella noche.
En su habitación, Nico la abrazó en cuanto se cerró la puerta, y la besó hasta dejarla sin aliento, y luego la tumbó en la cama y le hizo el amor despacio y a fondo, besando cada parte de ella, hasta que ambos llegaron juntos y se quedaron en brazos del otro mientras el mar sonaba fuera de la ventana.
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