Relatos de Infidelidad: Elena Abre su Coño para la Polla de Javier Toda la Noche en Madrid
Elena cerró los ojos en el taxi y volvió de golpe a la noche en que conoció a Javier en la presentación de un libro en Madrid, cuando él sostenía entre las manos un ejemplar titulado Relatos de Infidelidad y le preguntó si creía que aquellas historias podían pasar de verdad. Ella tenía treinta y un años, traductora en un matrimonio apagado, y aquella pregunta le había quemado la piel como si Javier ya supiera el vacío que llevaba dentro. En el presente, el taxi avanzaba hacia su piso y su corazón latía deprisa porque Javier la esperaba allí, y el recuerdo de aquella primera noche se mezclaba con el deseo que sentía ahora.
En la presentación, Javier era fotógrafo del evento y no dejaba de mirarla por encima de su cámara mientras ella traducía las palabras del autor para un grupo de invitados. Cuando terminó su trabajo, él se acercó con dos copas de vino y le dijo que su voz le había distraído durante toda la charla. Elena rio nerviosa y aceptó la copa, y hablaron de libros y de viajes hasta que la sala se quedó casi vacía y las luces empezaron a apagarse una a una.
Javier le pidió su número con una franqueza que la desarmó, y Elena se lo dio antes de poder inventar una excusa, sintiendo una culpa dulce y una excitación que no sentía desde hacía años. Aquella noche, ya en casa, miró el teléfono muchas veces y se preguntó si su marido notaría el cambio en su forma de respirar. Su marido dormía a su lado sin tocarla, como cada noche, y Elena se quedó despierta pensando en los ojos oscuros de Javier.
El presente la devolvió al taxi cuando el conductor anunció su calle en Madrid, y Elena pagó deprisa y subió las escaleras con las piernas temblorosas. Javier abrió la puerta antes de que llamara, como si hubiera estado escuchando sus pasos, y la tomó por la cintura y la besó con una urgencia que le cortó la respiración. Ella respondió al beso con la misma hambre, sus manos en su pelo y su cuerpo pegado al suyo en el recibidor.
Javier cerró la puerta con el pie y la llevó hasta el salón, donde la luz de la tarde entraba suave por la ventana y olía a café frío y a su perfume. Le quitó la chaqueta despacio, besando su cuello y sus hombros, y Elena gimió bajito cuando sus labios encontraron la piel sensible detrás de su oreja. Ella le dijo que había pensado en él todo el día, y Javier sonrió contra su cuello y le prometió que aquella tarde no iba a dejarla pensar en nada más.
Él le levantó el vestido por encima de las caderas y le bajó las bragas con una lentitud deliciosa, y Elena se apoyó en el sofá mientras él se arrodillaba delante de ella. Javier lamió su coño con trazos largos y profundos, su lengua buscando su clítoris una y otra vez, y Elena gritó su nombre y se agarró a su pelo con fuerza. Su coño estaba empapado y palpitante, y cuando Javier metió dos dedos dentro de ella mientras seguía lamiéndola, Elena se corrió con un temblor violento que le recorrió todo el cuerpo.
Después lo levantó y lo besó, saboreándose a sí misma en su boca, y le desabrochó los pantalones con dedos impacientes hasta liberar su polla dura y gruesa. Elena se arrodilló en la alfombra del salón y se la metió en la boca, chupando despacio y luego más rápido, su lengua rodeando la punta mientras su mano trabajaba el tronco. Javier gimió y le acarició el pelo, y ella chupó con más ganas, disfrutando del peso y del calor de su polla en su lengua.
Javier la levantó antes de correrse y la tumbó en el sofá, abriéndole las piernas y colocando su polla en la entrada de su coño mojado. Empujó dentro de ella despacio, centímetro a centímetro, y Elena gimió mientras su coño se estiraba alrededor de su polla gruesa. Él empezó a follarla con embestidas profundas y constantes, y el sofá crujía al ritmo de sus movimientos mientras ella le rodeaba la cintura con las piernas y lo atraía más hondo.
Sus pechos se movían con cada embestida y Javier se inclinó para chuparle un pezón mientras la follaba más fuerte, su polla entrando y saliendo de su coño empapado con sonidos húmedos que llenaban el salón. Elena le clavó las uñas en la espalda y le rogó que no parara, y su segundo orgasmo llegó rápido cuando él golpeó el punto dentro de ella que la hacía ver estrellas. Se corrió gritando su nombre, su coño apretando con fuerza su polla, y ese agarre empujó a Javier al límite también.
Él gruñó fuerte y bombeó su semen caliente dentro de su coño, su cuerpo temblando contra el suyo mientras se vaciaba por completo. Se quedaron abrazados en el sofá, respirando agitados, con el olor a café y a sexo flotando en el aire. Elena le besó el cuello despacio y rio contra su piel, y Javier la abrazó y le dijo que su voz seguía distrayéndolo, ahora mucho más que aquella noche en la presentación.
Días después Elena fue a su estudio, un espacio luminoso en Madrid lleno de fotografías en blanco y negro y del olor a papel revelado. Javier la recibió con una cámara en la mano y le pidió que posara junto a la ventana, y Elena se rio y aceptó, quitándose la blusa despacio mientras él disparaba fotos. Cada clic la excitaba más, y cuando quedó solo en sujetador y falda, Javier dejó la cámara y la besó con una pasión que la dejó sin aliento.
La desnudó delante de la ventana, besando sus pechos y su vientre, y Elena se inclinó sobre una mesa del estudio mientras él la lamía por detrás, su lengua recorriendo su coño abierto. Ella gimió y empujó las caderas hacia atrás, y Javier la folló con los dedos hasta que se corrió temblando contra la mesa. Después Elena se dio la vuelta y se arrodilló, chupándole la polla con ganas mientras él le acariciaba la cara y murmuraba su nombre.
Javier la levantó y la penetró de pie contra la pared del estudio, sus piernas alrededor de su cintura y su polla hundiéndose hondo en su coño con cada embestida. Las fotografías temblaban en la pared con el ritmo de sus cuerpos, y Elena gritó de placer mientras se corría otra vez, su coño ordeñando su polla hasta que él también se corrió dentro de ella con un gruñido profundo. Se quedaron abrazados junto a la ventana, riendo bajito, con la ciudad de Madrid extendida debajo de ellos.
Una tarde de parque en Madrid selló su secreto de otra manera, cuando pasearon entre árboles y bancos vacíos hasta encontrar un rincón apartado detrás de unos setos altos. Javier la empujó suavemente contra un árbol y la besó con ferocidad, su mano bajo la falda acariciando su coño por encima de las bragas. Elena le bajó la cremallera y le agarró la polla, masturbándolo despacio mientras él metía dos dedos dentro de su coño mojado.
Allí, escondidos entre los setos, se dieron placer con las manos, su coño goteando sobre sus dedos y su polla palpitando en su mano. Elena se corrió primero, mordiéndose el labio para ahogar su grito mientras su semen de placer empapaba su mano, y Javier llegó segundos después, su semen salpicando su mano y la hierba. Se limpiaron con manos temblorosas y compartieron una sonrisa secreta, y Elena se ajustó la falda como si nada hubiera pasado.
Esa misma noche, en el piso de Elena, Javier la tendió en la cama y la folló despacio, con embestidas profundas y besos largos, y Elena sintió cada centímetro de él dentro de ella. Le susurró que le encantaba cómo la follaba, despacio y fuerte y por completo, y Javier le susurró que su voz era su historia favorita ahora. Su orgasmo creció despacio y luego la rompió como una ola, su coño apretando su polla mientras gritaba bajito contra su hombro.
Javier empujó unas veces más y se corrió dentro de ella, su semen cálido y espeso, y se quedaron enredados en la cama entre las sábanas revueltas. Elena trazó un dedo sobre su pecho y sonrió, y Javier le besó la frente y le dijo que mañana debía volver al estudio para otra sesión de fotos. Ella aceptó enseguida, porque el olor a papel revelado se había convertido en el olor de él, y su estudio era el lugar donde se sentía más viva.
Al día siguiente Javier la llamó desde el estudio y le dijo que había revelado las fotos de la ventana, y Elena fue a verlas con el corazón en la garganta. Las imágenes la mostraban desnuda y hermosa, con la luz entrando por la ventana y su piel brillando, y ella se quedó mirándolas sin poder apartar los ojos. Javier se puso detrás de ella y le besó el cuello, y Elena sintió que su coño se mojaba otra vez solo con recordar aquella tarde.
Él la sentó en su regazo en la silla del estudio y le levantó la falda, y Elena se movió despacio sobre su polla dura hasta que estuvo completamente dentro de ella. Se follaron así, lentos y profundos, mirándose a los ojos, y Elena se corrió apretando su polla mientras Javier le mordía el hombro suavemente. Él se corrió dentro de ella un momento después, y se quedaron abrazados en la silla, respirando juntos entre las fotografías colgadas en la pared.
Elena se vistió despacio y miró a Javier una última vez desde la puerta, y él le guiñó un ojo desde la cama, ya imaginando la próxima foto que le haría. Ella bajó las escaleras con el corazón latiendo deprisa y su coño todavía temblando por su tacto, y al salir a la calle de Madrid supo que aquella historia, la suya, ya no era un recuerdo de una presentación, sino la vida que había elegido vivir.
Una noche de lluvia Elena llegó al estudio de Javier empapada, con el vestido pegado a la piel, y él cerró la puerta antes de que dejara el bolso en el suelo. Le quitó la ropa mojada despacio, besando la lluvia de su cuello, y Elena tembló cuando sus manos cálidas encontraron sus pechos bajo el sujetador húmedo. Ella le susurró que la lluvia le había hecho pensar en él durante todo el camino, y él respondió levantándola sobre la mesa y abriéndole las piernas.
Le apartó las bragas sin quitárselas y lamió su coño hasta que Elena gemía y se agarraba al borde de la mesa, con el pelo mojado cayéndole sobre la cara. Elena le rogó que la follara allí mismo entre las fotografías, y Javier empujó su polla dura dentro de su coño mojado en una sola embestida suave. Ella le rodeó la cintura con las piernas y respondió a cada movimiento, sus pechos moviéndose mientras la mesa temblaba y la lluvia golpeaba fuerte la ventana.
Javier la folló más rápido, su polla hundiéndose hondo dentro de ella mientras le chupaba los pezones uno tras otro, y Elena se corrió con un grito fuerte que se mezcló con el sonido de la lluvia. Él siguió empujando durante su orgasmo, con su propia liberación creciendo, y luego gruñó y llenó su coño de semen caliente mientras la tormenta sacudía el cristal. Se quedaron pegados el uno al otro, mojados y sin aliento, escuchando cómo la lluvia se calmaba fuera.
Después Javier le secó el pelo con suavidad con una toalla y le hizo una foto sentada en la mesa, con la lluvia todavía goteando de su pelo, y Elena besó la foto antes de besarlo a él. Salió del estudio con el bolso en una mano y el recuerdo de su polla todavía cálido entre sus piernas, contando ya las horas hasta volver, y le susurró que la próxima noche de lluvia también era solo para él.
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