Relatos XXX Gratis: Lucía Abre las Piernas para la Polla Dura de Marco en Madrid
El olor a tinta fresca y a café recién hecho llenaba la pequeña editorial de Madrid donde Lucía trabajaba cada mañana, y entre ese olor nació esta historia de relatos xxx gratis que ella escribía en secreto por las noches. Lucía tenía veintinueve años, era traductora, y bajo un seudónimo publicaba relatos eróticos gratuitos que miles de personas leían sin saber quién era. Aquella mañana, mientras corregía un manuscrito, un fotógrafo llamado Marco entró en la editorial para entregar unas fotos, y se quedó mirándola como si ya la conociera.
Marco tenía treinta y dos años, llevaba una cámara colgada al cuello y una sonrisa que no pedía permiso. Le dijo, ¿tú eres la chica de los relatos, verdad? Lo supe por tu forma de mirar, igual que la protagonista de tu último relato. Lucía sintió que el suelo se movía bajo sus pies, porque nadie en su vida real sabía su secreto. Ella respondió, si lo sabes, entonces sabes demasiado, y eso puede ser peligroso. Marco se rió y dijo, peligroso es no haberte conocido antes.
Lucía lo citó aquella noche en una cafetería pequeña cerca de la Gran Vía, para hablar en serio y pedirle que guardara su secreto. Marco llegó puntual, pidió dos cafés, y le dijo, no quiero chantajearte, quiero conocerte, porque tus relatos me hicieron sentir cosas que no sentía desde hace años. Lucía lo miró fijamente y dijo, mis relatos son fantasía, yo soy más tímida de lo que escribo. Marco acercó su mano a la de ella sobre la mesa y dijo, entonces esta noche comprobamos si la fantasía y la realidad se parecen.
Lucía lo llevó a su piso, un lugar pequeño lleno de libros y de papeles. Marco cerró la puerta y la besó, primero despacio, luego con fuerza. Lucía intentó apartarlo, luego ella misma lo agarró por el cuello y lo atrajo hacia sí. El deseo que llevaba meses escribiendo en secreto despertó de golpe en su cuerpo. Marco la agarró por la cintura y la pegó contra la pared del pasillo.
Marco le quitó la blusa botón a botón, como si pasara las páginas de un libro. La respiración de Lucía se aceleró, ella le levantó la camisa y le pasó la mano por el pecho. Marco le desabrochó el sujetador y tomó sus tetas entre sus manos. Lucía cerró los ojos y dijo, despacio, no hay prisa. Marco tomó un pezón en su boca y empezó a chuparlo lentamente.
Lucía le agarró la cabeza contra su pecho y le pasó los dedos por el pelo. Marco le bajó la falda y la dejó caer al suelo. El coño de Lucía ya estaba mojado, sus bragas estaban empapadas. Marco apartó las bragas a un lado y pasó su dedo por los labios de su coño. Lucía le mordió el hombro y dijo, mételo dentro, no te quedes fuera. Marco metió dos dedos en su coño y empezó a moverlos lentamente dentro y fuera.
La cintura de Lucía empezó a moverse sola, sus gemidos llenaron el piso. Marco dijo, tu coño está tan caliente que mis dedos se queman. Lucía le abrió la cremallera del pantalón y sacó su polla, que estaba completamente dura. La tomó en su mano y la acarició despacio. Luego se arrodilló y la metió en su boca, primero solo la punta, luego toda la polla hasta el fondo.
Marco le puso la mano en la cabeza y dijo, sí, Lucía, así, no pares. La lengua de Lucía giraba alrededor de su polla, su saliva bajaba hasta sus huevos. Marco la levantó y la sentó en la mesa del comedor. Le abrió las piernas y puso su polla en la entrada de su coño. Lucía le agarró la cintura y dijo, fóllame, ya, no puedo esperar más. Marco empujó su polla dentro de su coño de un solo golpe.
Lucía gritó fuerte, su coño agarró la polla con fuerza. Marco empezó a embestir despacio, luego más rápido. Sus tetas saltaban con cada embestida, Marco chupaba una mientras apretaba la otra con la mano. Lucía dijo, más fuerte, lo quiero todo. Marco la levantó de la mesa y la pegó contra la pared, follándola de pie, con las piernas de ella alrededor de su cintura, su coño chorreando por sus muslos.
Marco dijo, eres más atrevida en la vida real que en tus relatos. Lucía le susurró al oído, entonces tendrás que demostrarlo cada noche. Marco la giró y la inclinó sobre la mesa, metiendo su polla en su coño por detrás mientras le agarraba el pelo. Lucía agarró la mesa con fuerza, con los ojos cerrados, sus gemidos salían sin parar. Marco dijo, tu coño está tan apretado que mi polla parece atrapada. Lucía se rió y dijo, pues no la saques, quédate dentro.
El coño de Lucía empezó a contraerse, su cuerpo empezó a temblar. Ella dijo, voy a correrme, no pares, sigue así. Marco embistió aún más rápido, y un chorro de líquido salió de su coño. Lucía gritó y se corrió, su cuerpo quedó flojo. Marco la giró, la tumbó en la mesa, y volvió a meter su polla en su coño.
Marco estaba a punto de correrse, dijo, voy a correrme, ¿dónde lo quieres? Lucía dijo, dentro de mi coño, quiero tu leche dentro. Marco dio unas embestidas fuertes y se corrió dentro de su coño. Los dos respiraban agitados, el sudor pegaba sus cuerpos. Lucía le besó la frente y dijo, este relato ya es real.
Al día siguiente Marco llevó a Lucía a una feria del libro en el Retiro, donde él exponía sus fotos. Entre los puestos, un lector se acercó a Lucía y le dijo, tus relatos gratis me cambiaron la vida, ¿cuándo publicas el siguiente? Lucía se puso roja, Marco le agarró la mano y dijo, pronto, y será el mejor, porque ahora lo vive de verdad. Lucía lo miró y supo que su secreto ya no era solo suyo, era de los dos.
Aquella noche Marco la llevó a su estudio, un lugar amplio con focos y una cama en un rincón. Le dijo, hoy quiero fotografiarte, pero sin ropa, como la protagonista de tu relato más famoso. Lucía dudó un segundo, luego se quitó la ropa despacio delante de la cámara, sintiendo una mezcla de vergüenza y poder. Marco hacía fotos mientras le besaba los hombros, y entre foto y foto la tumbaba en la cama.
Marco le besó los muslos y subió lentamente, Lucía le agarró la cabeza entre sus muslos. Él apartó sus bragas y pasó la lengua por su coño, Lucía agarró las sábanas, su coño empezó a soltar jugo. Marco metió la lengua hasta dentro y chupó su clítoris, los gemidos de Lucía se hicieron más fuertes, ella dijo, sí, ahí, no pares. Marco la tumbó en la cama y puso sus piernas sobre sus hombros.
Marco metió su polla en su coño y empezó a embestir despacio, luego fuerte. Lucía le agarró las manos y dijo, hoy no seas suave, lo quiero fuerte. Marco aumentó el ritmo, la cama se movía, sus tetas saltaban. Marco chupó una teta mientras apretaba la otra con la mano. Lucía dijo, tus embestidas me vuelven más loca que tus fotos.
Marco la levantó en sus brazos y Lucía se sentó en su regazo, subiendo y bajando, su polla entraba hasta el fondo de su coño. La respiración de los dos se hizo una sola, en la habitación solo se oían los sonidos de sus cuerpos. Marco la llevó a la cama y la folló en cuatro patas, dándole palmadas en el culo mientras embestía. Lucía agarró la almohada y dijo, pégame más, quiero todo eso.
Marco metió su polla más profundo en su coño, con cada embestida los gemidos de Lucía eran más fuertes. Lucía se corrió, luego Marco también se corrió dentro de su coño. Los dos quedaron desnudos en la cama, y justo entonces el teléfono de Lucía se iluminó con el nombre de su editora, un mensaje que decía, mañana revisamos tu manuscrito, y trae también tus relatos, queremos publicarlos con tu nombre real.
Al día siguiente, en la editorial, Marco llegó con las fotos impresas y se las entregó a Lucía delante de todos, como si solo fueran trabajo. Pero cuando nadie miraba, le dejó una nota doblada entre las fotos que decía, hoy a las seis, en el archivo, no faltes. Lucía pasó el día mirando el reloj, corrigiendo manuscritos sin leer una sola línea. A las seis bajó al archivo, un cuarto pequeño lleno de cajas viejas, y allí estaba Marco, esperándola con la puerta entreabierta.
Marco la pegó contra una estantería y le levantó la falda, Lucía le agarró la camisa y lo besó con fuerza. Él le bajó las bragas hasta las rodillas y metió su polla en su coño de pie, entre las cajas, mientras los pasos de la oficina se oían por el pasillo. Lucía se mordió la mano para no gritar, su coño se apretaba alrededor de su polla con cada embestida. Marco la folló rápido y fuerte, Lucía se corrió en silencio, temblando contra las cajas, y Marco se corrió dentro de ella, los dos riendo bajito como dos estudiantes castigados.
Lucía miró el teléfono, su corazón latía rápido, pero Marco le tomó la mano y dijo, no tengas miedo, publicarlos con tu nombre puede ser el principio de algo grande. Lucía dijo, si el mundo sabe quién soy, esta historia ya no será secreta, y no sé si estoy lista. Marco dijo, entonces escribimos el próximo capítulo juntos, pero no dejamos de escribirlo. En ese momento sonó el timbre de la puerta, fuerte y continuo. Lucía y Marco se miraron, porque a esa hora nadie debía venir.
Una noche Lucía escribió un relato nuevo inspirado en Marco, y se lo leyó en voz alta mientras él estaba tumbado en su cama. El relato hablaba de una traductora que se enamoraba de un fotógrafo en una editorial, y Marco la interrumpía a cada párrafo para besarla. Lucía se reía y decía, déjame terminar, que el final es lo mejor. Marco decía, el final ya lo conozco, es este, y la abrazaba fuerte.
Marco le quitó el portátil de las manos y lo dejó en la mesilla, luego le quitó la ropa despacio, como si desnudara a la protagonista de su propio relato. Lucía se tumbó en la cama y abrió las piernas, Marco se colocó entre ellas y metió su polla en su coño, embistiendo al ritmo de su respiración. Lucía le agarró la espalda y dijo, sigue, no pares, este capítulo no tiene fin. Marco aumentó el ritmo, Lucía se corrió gritando su nombre, y Marco se corrió dentro de ella, los dos riendo entre las sábanas.
Después Marco tomó su cámara y le hizo una foto a Lucía dormida, con el pelo revuelto y una sonrisa tranquila. Guardó la foto en una carpeta privada que llamó “mi relato favorito”, y Lucía, al despertar, la vio y dijo, esa foto es mejor que cualquier relato que haya escrito. Marco la besó y dijo, porque esta vez la protagonista eres tú de verdad.
Al día siguiente Lucía publicó un relato nuevo gratis, dedicado a un fotógrafo anónimo que sabía leer entre líneas. Sus lectores comentaron que era su mejor relato, y Lucía sonrió al leerlos, porque sabía que cada palabra era verdad, y que la verdad, a veces, se escribe mejor con el cuerpo que con las manos.
Semanas después, Lucía y Marco volvieron a la cafetería de la Gran Vía donde todo empezó, pidieron los mismos dos cafés, y brindaron por el relato que todavía estaban escribiendo juntos, un capítulo cada noche, sin prisa y sin final a la vista.
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