Relatos Porno Caseros: Follando a mi Esposa Toda la Noche en Casa
El timbre no sonó. Fueron tres golpes secos en la puerta, justo cuando Carlos tenía la mano dentro de la camiseta de Elena y ella le mordía el labio inferior en el sofá. Aquella noche tranquila en su piso de Madrid iba a convertirse en uno de esos relatos porno caseros que empiezan sin planearlo, con la ropa a medias y el corazón acelerado. Carlos se apartó de golpe, se pasó la mano por el pelo y miró a Elena con los ojos muy abiertos. Ella se rio bajito, se colocó la camiseta y susurró que seguro que era el vecino otra vez.
Carlos se levantó descalzo, con la camisa abierta y los pantalones mal abrochados. Caminó hasta la puerta pisando en silencio, como si el suelo pudiera delatarlos. Elena se quedó en el sofá, con las mejillas rojas y las piernas cruzadas, intentando parecer tranquila. Al otro lado estaba Martín, el vecino del cuarto, con una bolsa de basura en la mano y cara de apuro. Le pidió perdón por molestar y le preguntó si podía dejar la bolsa en su cubo porque el suyo estaba lleno.
Carlos asintió demasiado rápido y le dijo que sí, que no pasaba nada, que dejara la bolsa donde quisiera. Martín sonrió, dejó la bolsa junto a la puerta y se quedó hablando del ascensor estropeado y del ruido del patio. Carlos asentía sin escuchar, con un solo pensamiento en la cabeza, que el vecino se fuera ya. Elena tosió desde el sofá para disimular la risa y eso por fin empujó a Martín hacia las escaleras.
Cuando la puerta se cerró, el silencio del piso se hizo espeso y caliente. Elena se levantó despacio, se acercó a Carlos por detrás y le rodeó la cintura con los brazos. Le besó la nuca, le mordió suavemente el hombro y le susurró al oído que la interrupción le había puesto más cachonda todavía. Carlos se giró, la agarró por las caderas y la besó con fuerza, con la lengua buscando la suya sin ninguna prisa fingida.
Fue Elena quien dio el paso siguiente. Se apartó un poco, lo miró a los ojos con una sonrisa traviesa y le dijo que tenía una idea mejor que seguir en el sofá. Le propuso grabar un vídeo casero juntos, solo para ellos, sin subirlo a ningún sitio, solo para mirarlo después y reírse. Carlos se rio nervioso y le preguntó si hablaba en serio. Elena sacó el móvil del bolsillo de su pantalón corto, lo agitó delante de su cara y le dijo que hablaba muy en serio.
Carlos dudó un segundo, pero el brillo en los ojos de Elena lo convenció al instante. Le dijo que vale, pero que ella tenía que encargarse de todo, de la luz y del ángulo. Elena aplaudió bajito, corrió al dormitorio y encendió la lamparita de la mesilla para que la luz fuera cálida y suave. Colocó el móvil apoyado en una pila de libros, inclinado justo hacia la cama, y comprobó en la pantalla que se veía bien.
Carlos entró detrás de ella, cerró la puerta del dormitorio y se quitó la camisa despacio. Elena lo miraba desde la cama, sentada con las piernas abiertas un poco, jugando con el borde de su camiseta. Le dijo que se acercara, que quería desnudarlo ella misma. Carlos obedeció, se puso delante de ella y dejó que sus dedos le desabrocharan el pantalón botón a botón.
Elena bajó el pantalón y la ropa interior juntos, despacio, mirándolo todo el rato a la cara. Cuando su polla quedó libre, ya dura y caliente, Elena la agarró con la mano y la acarició de arriba abajo sin apartar la vista. Carlos gimió bajito, le agarró el pelo con suavidad y le dijo que así, justo así, le volvía loco. Elena se rio, le dio un beso en la punta y luego la metió en su boca despacio.
La mamada fue lenta al principio, con la lengua recorriendo toda la polla y los labios apretando con cariño. Elena subía y bajaba la cabeza, chupaba con fuerza y de vez en cuando lo miraba desde abajo con los ojos brillantes. Carlos respiraba cada vez más fuerte, movía las caderas un poco hacia delante y le susurraba que no parara. Cuando sintió que estaba demasiado cerca del final, la apartó con ternura y le dijo que todavía no, que quería durar toda la noche.
Elena se levantó de la cama, se quitó la camiseta por encima de la cabeza y dejó sus tetas al aire, firmes y con los pezones duros. Carlos se acercó por detrás, le agarró las tetas con las dos manos y las amasó despacio mientras le besaba el cuello. Elena echó la cabeza hacia atrás, gimió y se frotó el culo contra su polla. Carlos le bajó el pantalón corto y las bragas juntos, y ella salió de ellos con un paso elegante, riéndose.
Desnuda por completo, Elena se tumbó en la cama y abrió las piernas para él, invitándolo con un dedo. Carlos se tumbó encima, la besó en la boca, en el cuello y bajó besando hasta sus tetas. Chupó un pezón, luego el otro, mientras una mano bajaba entre sus piernas y buscaba su coño. Estaba mojadísima, caliente y resbaladiza, y cuando Carlos metió dos dedos dentro, Elena arqueó la espalda y gritó su nombre.
Carlos movió los dedos dentro de ella, rápido y profundo, mientras con el pulgar frotaba su clítoris en círculos. Elena se retorcía, le agarraba las sábanas con fuerza y le pedía más, más fuerte, sin parar. Sus gemidos llenaban el dormitorio y el móvil seguía grabando desde los libros, captando cada sonido. Cuando Elena estuvo a punto de correrse, Carlos sacó los dedos, se los llevó a la boca y los chupó delante de ella, mirándola fijamente.
Elena lo agarró por los hombros, lo atrajo hacia sí y le susurró que la follara ya, que no aguantaba más. Carlos se colocó entre sus piernas, agarró su polla con la mano y la frotó contra su coño mojado, arriba y abajo, haciéndola gemir. Luego empujó despacio, entrando centímetro a centímetro, hasta estar completamente dentro de ella. Elena soltó un gemido largo, le clavó las uñas en la espalda y le rodeó la cintura con las piernas.
El primer polvo fue lento y profundo, con Carlos entrando y saliendo con fuerza controlada. Elena lo miraba a los ojos, le mordía el labio y le pedía que siguiera así, que le encantaba sentirlo tan dentro. Carlos aumentó el ritmo poco a poco, golpeando más fuerte, haciendo que la cama crujiera contra la pared. Elena gritaba cada vez más alto, moviendo las caderas para encontrarse con cada embestida.
Cuando Carlos sintió que Elena estaba cerca, la agarró por las caderas, la levantó un poco y la folló más fuerte todavía. Elena gritó, su cuerpo se tensó entero y se corrió con un gemido largo y tembloroso, apretando su coño alrededor de su polla. Carlos siguió moviéndose dentro de ella mientras ella temblaba, besándola en la boca para recoger sus gemidos. Ella se rio entre jadeos y le dijo que había sido increíble, pero que todavía no habían terminado.
Elena se dio la vuelta en la cama, se puso a cuatro patas y movió el culo de un lado a otro, provocándolo. Le dijo que ahora quería que la follara así, desde atrás, bien fuerte, mientras miraba a la cámara. Carlos se arrodilló detrás de ella, le agarró las caderas con fuerza y entró en su coño de un solo empujón profundo. Elena gritó de placer, agarró la almohada con las dos manos y empujó el culo hacia atrás para recibirlo mejor.
Desde atrás el ritmo fue rápido y salvaje, con los cuerpos chocando y la piel sonando en cada embestida. Carlos le daba palmadas suaves en el culo, le agarraba el pelo y tiraba de él con cariño mientras la follaba sin parar. Elena gemía sin control, le pedía más fuerte, más rápido, que no parara nunca. Sus tetas se balanceaban con cada golpe y su coño estaba tan mojado que se escuchaba cada entrada y cada salida.
Carlos salió un momento, le dio la vuelta a Elena y la sentó encima de él, con las piernas abiertas a cada lado. Elena se colocó la polla en la entrada de su coño y bajó despacio, gimiendo mientras la sentía entrar centímetro a centímetro. Cuando estuvo sentada del todo, empezó a moverse arriba y abajo, primero despacio y luego cada vez más rápido. Carlos le agarraba las tetas, las chupaba y le mordía los pezones mientras ella cabalgaba con fuerza.
Encima de él, Elena marcaba el ritmo, subiendo y bajando, girando las caderas en círculos y gimiendo su nombre una y otra vez. Carlos le agarraba el culo con las dos manos, ayudándola a subir y bajar, empujando desde abajo para entrar más profundo. Los dos estaban empapados de sudor, respirando con dificultad, con los cuerpos pegados y calientes. Elena echó la cabeza hacia atrás, gritó y se corrió por segunda vez, temblando encima de él y apretándolo fuerte por dentro.
Después de un rato, Carlos la puso boca arriba otra vez, le levantó las piernas sobre sus hombros y entró en ella con fuerza renovada. Esa postura le permitía entrar muy profundo, y cada embestida hacía que Elena gritara y se agarrara a sus brazos. Carlos la follaba rápido y fuerte, mirándola a los ojos, viendo cómo su cara se contraía de placer. Elena le pedía que se corriera dentro de ella, que quería sentirlo llenarla del todo.
Carlos aguantó todo lo que pudo, pero el calor, los gemidos y la forma en que Elena lo apretaba lo llevaron al límite. Con un último empujón profundo, se corrió dentro de su coño, gimiendo alto y temblando encima de ella. Elena lo abrazó fuerte, sintiendo cómo su polla palpitaba dentro de ella, y le besó la boca despacio. Se quedaron así un rato, pegados, sudorosos y felices, respirando juntos en el silencio del dormitorio.
Cuando Carlos salió despacio de ella, un hilo de semen resbaló por el muslo de Elena y ella se rio bajito. Se levantó, fue al baño a limpiarse un poco y volvió con dos vasos de agua y una sonrisa enorme. Carlos ya había parado la grabación y estaba mirando el principio del vídeo en el móvil, riéndose de sus propias caras. Elena se sentó a su lado, apoyó la cabeza en su hombro y le dijo que el vídeo había quedado perfecto.
Elena guardó el vídeo en una carpeta privada del móvil, con contraseña, y le prometió a Carlos que nadie más lo vería jamás. Carlos le dijo que le daba igual que lo viera alguien, porque lo que habían grabado era solo de ellos dos. Elena le tapó la boca con un dedo, se rio y le dijo que no dijera tonterías, que aquello era su secreto. Luego apagó la lamparita, se acurrucó contra su pecho y le susurró que mañana quería repetirlo, pero con la puerta cerrada con llave.
Carlos se rio en la oscuridad, le besó la frente y le contestó que mañana pondría la llave, el cerrojo y un cartel en la puerta si hacía falta. Elena le mordió el pecho suavemente, cerró los ojos y se quedó dormida entre sus brazos, con una sonrisa en la cara. Carlos se quedó despierto un poco más, escuchando su respiración tranquila y pensando en lo bien que había salido una noche que empezó con tres golpes en la puerta. Al final, con la mano todavía sobre su cintura, susurró en voz baja: esta noche ha sido nuestra, y nadie nos la quita.
Al día siguiente, Elena se despertó antes que Carlos y se quedó mirándolo dormir con una sonrisa pícara. Se levantó sin hacer ruido, fue a la cocina y preparó café, pero volvió al dormitorio con algo más en la cabeza que el desayuno. Se quitó el camisón despacio, se metió en la cama desnuda y empezó a besar el pecho de Carlos hasta despertarlo. Carlos abrió los ojos, sonrió al verla y le preguntó qué tramaba tan temprano.
Elena no contestó con palabras. Bajó bajo las sábanas, agarró su polla ya medio dura y empezó a chuparla despacio, con la lengua dando vueltas y los labios apretando con fuerza. Carlos gimió, se estiró en la cama y le agarró el pelo para guiarla suavemente. Ella subía y bajaba la cabeza cada vez más rápido, chupando y lamiendo sin parar, hasta que Carlos estuvo completamente duro y jadeando.
Entonces Elena salió de debajo de las sábanas, se sentó encima de él y se metió su polla dentro de su coño de un solo movimiento, gimiendo alto. Empezó a cabalgar despacio, mirándolo a los ojos, con las tetas balanceándose delante de su cara. Carlos le agarró las tetas, las amasó y chupó sus pezones mientras ella se movía arriba y abajo con más fuerza. Sus gemidos se mezclaban con el ruido de la cama y el café que se enfriaba en la cocina.
Elena aumentó el ritmo, subiendo y bajando cada vez más rápido, hasta que su cuerpo se tensó y se corrió gritando el nombre de Carlos. Él la agarró por las caderas, empujó desde abajo tres veces más y se corrió dentro de ella, abrazándola fuerte. Se quedaron así, pegados y riéndose, con el día entero por delante y el café ya frío. Elena le besó la boca y le susurró que el desayuno podía esperar, porque aquello era mucho mejor. Carlos se rio, la abrazó con fuerza y le prometió que el café de mañana también llegaría tarde si ella seguía despertándolo así cada día.
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