Cuentos Porno: Marta Abre las Piernas para la Polla Dura de Diego en Barcelona
En estos cuentos porno, el olor a papel viejo y a café recién hecho llenaba la librería de Marta en Barcelona, y el sonido de la lluvia contra el escaparate hacía que la tarde pareciera más íntima de lo normal. Marta estaba ordenando unos libros cuando sintió unas manos fuertes en su cintura, y al girarse encontró a Diego, el fotógrafo que vivía en el piso de arriba. Diego le dijo que llevaba semanas oliendo su perfume en la escalera, y que ya no podía seguir fingiendo que no la deseaba. Marta sonrió, porque ella también llevaba semanas fijándose en sus manos, en cómo sujetaba la cámara, en cómo la miraba cuando creía que nadie lo veía. Su marido estaba de viaje, y su cuerpo llevaba meses esperando a un hombre que la mirara así.
Diego cerró la puerta de la librería y bajó la persiana hasta la mitad, dejando la tienda en penumbra. Besó a Marta con fuerza, y ella le devolvió el beso, desabrochando ya su camisa. Marta le dijo que su marido llevaba semanas fuera, y que su cuerpo había estado esperando a alguien que la mirara como Diego la miraba ahora. Diego le levantó la falda y encontró sus bragas ya mojadas, y gimió contra su cuello. Marta susurró que llevaba toda la mañana pensando en él, y que cada pensamiento la había mojado un poco más.
Diego le abrió la blusa y tomó sus tetas entre las manos, apretándolas mientras chupaba un pezón con la boca. Marta arqueó la espalda y gimió que eso era exactamente lo que necesitaba. Ella le bajó los pantalones y envolvió su polla gruesa con la mano, moviéndola despacio. Diego dijo que su mano era mágica, y Marta sonrió y se metió su polla en la boca, chupándola hasta el fondo, moviendo la cabeza adelante y atrás. Su respiración se aceleró, y él le agarró el pelo y le dijo que no podría aguantar mucho más.
Marta se levantó y Diego la subió al mostrador, abriéndole las piernas. Le apartó las bragas y metió dos dedos en su coño mojado, y Marta levantó las caderas y le rogó que le diera más. Diego movió los dedos rápido, frotando su clítoris con el pulgar, hasta que los gemidos de Marta llenaron la librería. Ella le dijo que dejara de provocarla y que se la metiera dentro, y Diego frotó su polla contra los labios de su coño antes de empujarla toda dentro de un solo empujón. Marta gritó, y los libros temblaron en la estantería.
Diego empujó despacio al principio, y con cada empujón el coño de Marta apretaba su polla con más fuerza. Ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura y levantó las caderas para recibirlo. Sus tetas saltaban con cada empujón, y Diego las agarró y las apretó con fuerza. Marta dijo que la follara así, que llevaba meses hambrienta de esta follada. Su coño empezó a gotear, y la polla de Diego brillaba con su humedad. Ella le clavó las uñas en la espalda y le dijo que iba a correrse.
Diego aumentó el ritmo, y Marta gritó al correrse, su coño cerrándose sobre su polla, sus jugos corriendo sobre él. Diego cambió de postura y la puso a cuatro patas sobre el mostrador, entrando en su coño por detrás, agarrándole las caderas y empujando con fuerza. Las tetas de Marta se balanceaban adelante y atrás, y ella gemía con cada empujón. Diego le tiró del pelo y le mordió el cuello, y Marta se excitó aún más. Ella dijo que esa postura era su favorita, porque su polla llegaba más adentro así.
Marta le dijo a Diego que lo quería una vez más, y Diego la giró y la folló en misionero otra vez. Esta vez los empujones eran lentos y profundos, cada empujón llegaba hasta el fondo de su coño. Diego besó sus labios y dijo que su coño era tan estrecho y caliente que nunca querría salir de él. Marta sonrió y dijo que hasta que su marido volviera, ese coño era suyo. Diego oyó eso y empezó a empujar con todas sus fuerzas, y Marta gimió más fuerte con cada golpe.
Finalmente Diego sacó su polla y se corrió sobre su vientre, chorros calientes corriendo hasta su ombligo. Marta recogió su semen con el dedo y lo lamió, diciendo que le encantaba el sabor más que nada. Diego se tumbó a su lado sobre el mostrador, y ambos respiraron con fuerza, mirándose. Marta dijo que esa tarde le había dado todo lo que su marido no le había dado en años. Los libros yacían esparcidos por el suelo, olvidados, y la librería olía a sexo y a lluvia.
Un poco después Marta se sentó sobre la polla de Diego y bajó su coño lentamente sobre ella, sujetando sus hombros mientras se movía arriba y abajo. Su coño se asentó por completo sobre su polla, y con cada subida se oía el sonido húmedo de sus jugos. Marta dijo que esa postura era su favorita, porque en ella podía controlarlo todo ella misma. Diego le chupó los pezones, y el ritmo de Marta se hizo más rápido, hasta que se corrió por segunda vez, temblando encima de él.
Diego lamió el coño de Marta, su lengua girando sobre su clítoris, y Marta le apretó la cabeza entre sus muslos. Ella dijo que iba a correrse otra vez, y Diego siguió lamiendo hasta que su cuerpo tembló y se quedó quieto. La tarde se hizo oscura, y yacieron desnudos en el suelo de la librería entre los libros. Marta dijo que Diego debía irse ya, pero también dijo que debía volver mañana por la noche, con más fotos que enseñarle.
Diego besó a Marta en la puerta y dijo que en esa librería de Barcelona había encontrado todo lo que llevaba meses buscando. Marta cerró la puerta y se tumbó en su cama, sonriendo con la mano sobre su coño. Miró el mensaje de Diego en su teléfono y escribió que la noche siguiente sería aún más larga que la de hoy. Marta sabía que su verdadera historia acababa de empezar, y que en esa historia no había lugar para la vergüenza.
Cuando Marta se despertó por la mañana, las marcas que Diego le había dejado en el cuerpo eran claramente visibles, y su coño seguía latiendo con una ligera hinchazón. Se miró en el espejo y se vio por primera vez no como una mujer tímida, sino como una mujer llena de deseo. Le envió un mensaje a Diego diciendo que la historia de la noche no se le iba de la cabeza, y Diego respondió que volvería por la tarde. Marta trabajó en sus libros todo el día, pero entre cada libro sus dedos seguían vagando bajo su falda.
Por la tarde, cuando Diego volvió, Marta lo atrajo hacia dentro nada más abrir la puerta y le besó los labios. Ella dijo que hoy no leería ningún libro, que hoy escribiría la historia ella misma. Diego la levantó y la llevó al dormitorio, donde Marta se quitó el vestido ella misma y se tumbó en la cama. Diego lamió su coño otra vez, y luego metió su polla dentro de ella y la folló hasta que ambos se corrieron juntos. Marta dijo en sus brazos que esa serie nunca se iba a detener.
Al día siguiente Marta le envió a Diego una nota de voz, en la que decía en voz baja que su coño todavía recordaba su polla. Diego respondió enseguida que vendría por la tarde misma, y Marta dejó la puerta abierta. Diego llegó y encontró a Marta de pie en la cocina, y la agarró por detrás. Le levantó la falda y la apretó contra la encimera de la cocina, metiendo su polla en su coño, empujando con fuerza. Marta agarró la encimera y dijo que le encantaba ese lugar peligroso más que ningún otro.
Después de la follada en la cocina, Marta se metió la polla de Diego en la boca y la limpió, chupándola mientras decía que ahora quería saborearla todos los días. Diego le apretó las tetas y dijo que Marta, eres puro fuego. Marta rio y dijo que su marido había encendido el fuego, pero que Diego lo había apagado. Se besaron, y Marta dijo que la historia de hoy no termina aquí, que se escribirá otra vez mañana.
Por la noche Marta escribió en su diario que hoy había entendido que, cuando el amor y el deseo van juntos, una mujer se vuelve muy poderosa. Escribió que Diego no quería solo su cuerpo, que quería también su corazón, y que eso era lo que hacía diferente su historia. Marta cerró el diario y se fue a dormir, pero incluso dormida soñó con la polla de Diego, y por la mañana su coño estaba mojado otra vez.
Por la mañana Marta le envió a Diego un mensaje nuevo, en el que escribía que esa tarde, después de cerrar la librería, debía venir a su casa, que la puerta estaría abierta. Diego sonrió al leer el mensaje, y por la tarde realmente fue a su casa. Marta lo atrajo hacia la cama, y se follaron toda la noche, a veces despacio, a veces con fuerza, hasta que la luz de la mañana entró por la ventana. Marta sabía que esa historia no tenía fin.
La noche siguiente Diego llegó con un libro nuevo, pero Marta ni siquiera lo abrió antes de atraerlo hacia dentro y cerrar la puerta. Ella dijo que hoy la historia no se escribiría en papel, sino en la cama. Diego le bajó el tirante del vestido y le abrió la blusa, tomando sus tetas entre las manos y apretándolas. Marta gimió y dijo que eso era lo que quería, sin ninguna demora.
Marta empujó a Diego sobre la cama y se sentó encima de él, apartando sus bragas y colocando su coño mojado sobre su polla. Diego le sujetó la cintura y empujó desde abajo, y con cada empujón el coño de Marta apretaba su polla con fuerza. Marta se apretó sus propias tetas y dijo que quería esa velocidad, rápida y profunda, hasta que su cuerpo temblara.
Diego giró a Marta y metió su polla en su coño por detrás, sujetándole las caderas y empujando con fuerza. Sus tetas se balanceaban y ella gemía con cada empujón. Ella dijo que iba a correrse, y Diego aumentó el ritmo hasta que los jugos de Marta corrieron sobre la cama. Ella se desplomó hacia adelante, respirando con fuerza, y Diego le besó la espalda suavemente.
Después de correrse, Marta se metió la polla de Diego en la boca y la lamió hasta dejarla limpia, diciendo que quería ese sabor todas las noches. Diego le pasó la mano por el pelo y dijo que volvería mañana, con un libro nuevo más. Marta rio y dijo que fuera cual fuera el libro, el final siempre estaría en la cama.
Por la noche Marta puso el libro en la estantería donde su historia se había detenido, y antes de dormir sonrió con la mano sobre su coño. Sabía que cada noche con Diego sería ahora más emocionante que cualquier libro, y que esperar a la noche siguiente se había convertido en su mayor deseo.
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