Relatos Eróticos de Mucamas: La Mucama Marta Folló con el Señor Carlos Toda la Noche
Estos relatos eróticos de mucamas comienzan en Madrid, en una casa elegante donde Marta limpiaba las ventanas mientras sonaba su teléfono con un mensaje nuevo. Marta tenía veintiocho años, trabajaba como mucama en esa casa desde hacía un año, y el mensaje era del señor Carlos, de cuarenta y un años, el dueño de la casa. El mensaje decía que volvía temprano ese día y que la esperaba para tomar un café juntos. Marta leyó el mensaje dos veces, porque Carlos nunca le había escrito algo tan personal, y su corazón empezó a latir más rápido.
Marta terminó de limpiar la cocina y se cambió el delantal por un vestido sencillo que guardaba en su bolso. Cuando Carlos llegó, la encontró en la sala, y él la miró de una manera distinta, sin prisa, como si la viera por primera vez. Carlos dijo que llevaba meses queriendo decirle que su sonrisa alegraba la casa entera. Marta se sonrojó y dijo que él siempre era amable, pero que ese día su amabilidad sonaba diferente. Carlos se acercó y tomó su mano, y Marta no la retiró.
Tomaron café en la terraza, hablando del barrio, del clima de Madrid y de los libros que a Marta le gustaba leer. Carlos dijo que una mucama que lee tanto no debería pasar la vida limpiando casas ajenas. Marta rió y dijo que limpiar le daba tiempo para pensar, y que pensar en él se había vuelto su costumbre favorita. Carlos se quedó en silencio un momento, y luego dijo que pensar en ella también se había vuelto su costumbre. Marta sintió que el aire entre ellos cambiaba por completo.
Carlos la llevó suavemente hacia el sofá y la besó en los labios, primero despacio, luego con más deseo. Marta respondió al beso con fuerza, porque llevaba meses imaginando ese momento mientras limpiaba cada habitación. Carlos le quitó el vestido con cuidado y besó sus hombros, su cuello, su pecho. Marta le quitó la camisa y recorrió su pecho con las manos, sintiendo su respiración acelerarse bajo sus dedos.
Carlos le quitó el sujetador y tomó sus pechos en sus manos, besándolos despacio. Marta gimió y dijo que no fuera despacio, que ese día no quería lentitud. Carlos tomó un pezón en su boca y lo chupó suavemente, y Marta echó la cabeza hacia atrás, agarrando su cabello. El deseo que llevaba meses guardado salió por fin, sin vergüenza, sin prisa por esconderlo.
Marta le desabrochó el cinturón y tomó su polla en su mano. La polla de Carlos estaba completamente dura, y Marta la acarició despacio, disfrutando de su reacción. Carlos le quitó las bragas y acarició su coño con los dedos, y Marta ya estaba mojada, más mojada de lo que ella misma esperaba. Marta dijo que ya no podía esperar más, que fueran a la cama, y Carlos la llevó en brazos hasta el dormitorio.
En la cama, Marta abrió las piernas y Carlos besó su coño con la boca, lamiéndolo con la lengua. Marta agarró las sábanas y levantó las caderas, gimiendo cada vez más fuerte. Carlos metió la lengua dentro de ella y la movió en círculos, y Marta gritó su nombre dos veces antes de tirar de su cabello para subirlo. Ella dijo que lo quería dentro ya, sin más espera, sin más juegos.
Carlos se colocó entre sus piernas y metió su polla en el coño de Marta con una embestida lenta y profunda. Los ojos de Marta se cerraron y su boca se abrió en un suspiro largo, y luego rodeó su cintura con las piernas y lo atrajo más adentro. Marta no era virgen, pero después de meses de desearlo en silencio, aquello se sentía como una primera vez, cruda y nueva. Carlos embistió otra vez, más fuerte, y Marta subió las caderas para recibir cada embestida.
La cama se movía con su ritmo, y los sonidos de Madrid quedaban lejos, detrás de su respiración. Marta besó su boca entre embestidas y dijo que el mensaje de esa mañana había sido lo mejor que le había pasado en años. Carlos rió, sin aliento, y dijo que escribir mensajes se le daba mejor de lo que pensaba. Embistió más rápido, y la humedad de Marta hacía cada movimiento resbaladizo y sonoro, y a ella no le importaba quién escuchara.
Después de un rato, Carlos la puso boca abajo y la penetró por detrás, agarrando sus caderas y embistiendo con fuerza. Marta enterró la cara en la almohada y gimió con cada embestida, su cuerpo balanceándose hacia adelante y hacia atrás. Carlos alcanzó sus pechos por detrás y los apretó mientras embestía, y Marta empujó hacia atrás, pidiendo más, más fuerte, más profundo. Su voz ya sonaba ronca, y le encantaba cómo sonaba.
De repente, Marta tembló por completo, su coño se apretó fuerte alrededor de su polla, y gritó que estaba llegando. Sus jugos lo mojaron por completo, y Carlos dio tres embestidas más, fuertes y profundas, antes de correrse dentro de ella con un gemido. Cayeron juntos, sudando y riendo, y Marta dijo que la mucama tranquila ya no era tan tranquila. Carlos besó su hombro y dijo que nunca le había gustado la tranquilidad.
Después de descansar, Marta se acostó sobre su pecho y le contó todas las mañanas en que había limpiado su habitación pensando en él. Carlos dijo que él había alargado sus desayunos solo para verla pasar por el pasillo. Marta escribió su nombre con el dedo sobre su pecho y dijo que desde ese día la casa era de los dos, aunque solo uno firmara las facturas. Se besaron otra vez, despacio, y miraron las luces de Madrid por la ventana.
Más tarde, Carlos la despertó con besos en el cuello, y Marta se giró sin abrir los ojos y lo atrajo sobre ella. Su polla estaba dura otra vez, y entró en su coño suavemente, moviéndose lento y profundo. Hicieron el amor sin prisa, sintiendo cada centímetro, cada respiración, cada latido. Marta susurró que él era su primer amor de verdad en esa ciudad, y Carlos dijo que su sonrisa era su ciudad entera.
Llegaron juntos una segunda vez, abrazándose fuerte, y se durmieron enredados en las sábanas. Por la mañana, Marta preparó café, y Carlos lo bebió en su cocina vestido solo con sus pantalones. Ella dijo que los vecinos pensarían que eran solo señor y mucama, y Carlos dijo que señor y mucama eran, solo que más cercanos por la noche. Marta rió y besó su mejilla, sabiendo que esa historia apenas empezaba.
Después del desayuno, Marta fue a ducharse, y Carlos la siguió, pegándola contra los azulejos mojados. Besó sus hombros mojados y metió los dedos en su coño mientras el agua corría sobre los dos. Marta agarró su polla y la acarició bajo el agua, y Carlos gimió cuando ella se agachó un momento y luego se levantó. Él levantó una de sus piernas y metió su polla en su coño, embistiendo contra la pared mientras el agua caía sobre sus cuerpos.
Marta agarró su cuello y pidió embestidas más rápidas, y Carlos obedeció, penetrándola con fuerza hasta que ambos llegaron bajo la ducha. Marta rió y dijo que ahora cada ducha también les pertenecería. Carlos la secó con una toalla, despacio, besando sus hombros, y Marta se sintió la mujer más afortunada de Madrid.
Esa tarde caminaron por el Retiro y se sentaron a mirar el lago, tomados de la mano como adolescentes. Marta dijo que un mensaje había cambiado su vida, y Carlos dijo que algunos mensajes son bendiciones. Prometieron verse cada tarde, a veces en la casa, a veces en el parque, a veces en su piso. Las luces de la ciudad se reflejaban en el agua, y su historia, que había empezado con un mensaje, apenas estaba empezando.
Al día siguiente, Marta recibió otro mensaje de Carlos, más atrevido que el primero, que decía que la esperaba en casa a las ocho. Marta sonrió en medio de la cocina y respondió con una sola palabra, voy. Contó las horas hasta la tarde, y cada hora se hizo más larga que la anterior. Cuando llegó a la casa, Carlos la esperaba en la puerta, y la historia continuó donde la habían dejado.
Semanas después, Marta dejó de limpiar otras casas y se quedó trabajando solo en la de Carlos, aunque todos sabían que su trabajo ya era otro. Carlos le dijo que la casa necesitaba una dueña, no una mucama, y Marta rió y dijo que dueña o mucama, lo importante era estar juntos. Se casaron en una ceremonia pequeña en Madrid, y el mensaje que lo empezó todo quedó guardado en su teléfono para siempre.
En su luna de miel, Marta y Carlos volvieron a leer juntos aquel primer mensaje, riendo de lo tímido que sonaba comparado con todo lo que vino después. Marta dijo que un mensaje puede cambiar una vida entera, y Carlos dijo que una mucama puede cambiar una casa entera. Se besaron despacio, como la primera tarde en la terraza, y su historia, que había empezado con un mensaje, siguió escribiéndose cada día.
La tarde siguiente Marta llamó a Carlos a la terraza, esta vez con dos vasos de limonada en lugar de café. Carlos dijo nada más llegar que la limonada era solo una excusa, y que la verdadera dulzura estaba en su sonrisa. Marta tomó su mano y dijo que esa noche no había prisa, que esa noche se amarían despacio. Se sentaron en el aire fresco de la tarde hablando de cosas viejas, del mensaje, de la cocina y de la primera noche.
Entre conversaciones, Carlos tomó los dedos de Marta en su mano y besó cada uno despacio. El corazón de Marta se aceleró y apoyó la cabeza en su hombro. Carlos besó su cuello suavemente y dijo que su perfume le parecía nuevo cada vez. Marta desabrochó su camisa y pasó los labios por su pecho. En la terraza solo había luz de luna, y los únicos sonidos eran sus respiraciones.
Marta llevó a Carlos al dormitorio y lo sentó en la cama, y luego se arrodilló delante de él. Tomó su polla en su mano y, acariciándola despacio, la tomó en su boca. Carlos agarró su cabello y respiró profundamente. Marta lamió y chupó su polla con la lengua hasta que Carlos dijo basta, no más. Marta sonrió y subió encima de él.
Marta colocó su coño sobre su polla y se sentó despacio. Empezó a moverse desde arriba, girando sus caderas en círculos lentos. Carlos agarró sus pechos y los apretó, y los gemidos de Marta resonaron por la habitación. Después de un rato su ritmo se aceleró y su cuerpo empezó a temblar. Ella llegó, y Carlos la sostuvo con fuerza, y luego llegó su propio final. Cayeron juntos en los brazos del otro.
Al final de la noche Marta le dijo a Carlos que el mensaje se había convertido en el hábito más dulce de su vida. Carlos dijo que los hábitos nunca se van, especialmente cuando son tan dulces. Se besaron y durmieron a la luz de la luna, sabiendo que la mañana siguiente también sería suya.
Readers who enjoyed “Relatos Eróticos de Mucamas: La Mucama Marta Folló con el Señor Carlos Toda la Noche” also read
8 curated storiesRelatos Porno Caseros: Follando a mi Esposa Toda la Noche en Casa
Relatos porno caseros: una noche en Madrid, un vecino que llama a la puerta y una idea traviesa que cambia la noche de Carlos y Elena para siempre.
Relatos Eróticos de la Nuera: Parte 2
El móvil vibra sobre la mesa de la cocina delante de Teresa: es Bruno. «¿A la misma hora de siempre?». Parte 2 y final de los relatos eróticos de la nuera: la última tarde de riesgo, el regreso de Álvaro y una María transformada.
Historias Eróticas Cortas: El Electricista de Lavapiés
Una de esas historias eróticas cortas que se leen de un tirón: Marta, divorciada, llama a un electricista por el horno y la tarde se calienta más que la resistencia.
Cuentos Porno: Marta Abre las Piernas para la Polla Dura de Diego en Barcelona
Cuentos Porno: En una librería de Barcelona, el olor a papel viejo y café esconde la tarde más inolvidable de Marta.
Relatos eróticos de lesbianas: la vecina del balcón de abajo
Uno de estos relatos eróticos de lesbianas ocurre en Madrid: las macetas de Elena inundan el balcón de Marta y la visita para disculparse enciende un deseo imparable.
Nuevos Relatos Eróticos: La Vecina del Ático
Un sujetador rojo vuela hasta la terraza de Pablo, el nuevo vecino del tercero. Elena, la vecina del ático, lo invita a una copa de vino, y la noche de agosto se convierte en uno de sus nuevos relatos eróticos más calientes.
Relatos Eróticos Apasionados: Noche Andaluza
Una madrileña llega a una finca andaluza para cuidarla dos semanas y encuentra al dueño aún en casa: así empieza uno de esos relatos eróticos apasionados que no se olvidan.
Historias Calientes Gratis: La Librera de Valencia
En una librería pequeña de Valencia, Marta vende libros de día y sueña de noche, hasta que Diego, un cocinero con las manos manchadas de harina, entra buscando recetas antiguas, en estas historias calientes gratis de dos personas que se encuentran tarde pero a tiempo.